UN QUEJÍO POR LOS OLIVOS.
La noche de Arahal fue de bronce y guitarra. En el aire suspendido, donde los gitanos trenzan el viento con su llanto antiguo, resonó un nombre de canela y fragua: Juan Antonio Santiago Salazar, conocido artísticamente como «Enrique el Extremeño».

No era un premio de papel ni de oro frío, era el galardón Verde que te quiero verde, bautizado con las misma sangre lírica que Federico derramó por las esquinas del alma. Se le entregó al cantaor, por su cante que duele y porque, en su voz habita el quejío de los olivos centenarios y el galope de caballos negros bajando de la sierra. Enrique sube al altar del compás blandiendo su garganta como una espada de plata verde, uniendo Extremadura y Andalucía bajo un mismo cielo de lunas gitanas y madrugadas de cal.
El duende, que es un niño herido y descalzo coronó al maestro con una rama de laurel dorado.
¡Ay, verde que te quiero verde tu cante! ¡Ay, verde que te quiero verde el corazón de Enrique el Extremeño!.

El teatro municipal de Arahal se vistió de gala para clausurar el XXIV Memorial Niña de los Peines «Al Gurugú», con un histórico homenaje al cantaor Juan Antonio Santiago Salazar «Enrique el Extremeño», quién recibió el prestigioso galardón «Verde que te quiero verde» en reconocimiento a su impecable trayectoria en el mundo de lo jondo. El evento, celebrado bajo una atmósfera de profunda emoción y respeto, congregó a grandes artistas del flamenco y a una afición que llenaba el teatro.
El acto, que en su apertura estuvo presentado y conducido por Manuel Curao (ya que Kiko Valle no pudo hacerlo por una indisposición) se convirtió en un viaje de gratitud hacia el maestro. Conmovido y arropado por compañeros, familiares, conocidos y aficionados, el veterano cantaor recibió el busto de Pastora Pavón, la máxima distinción de este certamen sevillano.

«Enrique el Extremeño», considerado como uno de los baluartes básicos del cante para el baile, agradeció entre lágrimas y alegría el reconocimiento que, en sus propias palabras, premia a toda una vida dedicada en cuerpo y alma, a defender la música flamenca. Tras la entrega del galardón, las tablas del teatro se encendieron con un recital masivo diseñado exclusivamente para honrar la figura del maestro. El elenco artístico derrochó compás y duende a través de las voces e interpretaciones de un cuadro de primer nivel:
Al cante, José Valencia, Ismael Fernández «El Bola», Delia Membrive, José «El Pañero», Taré Cortés y María Vizárraga.
A la guitarra, la sonanta impecable del hijo del homenajeado, Antonio Santiago «Ñoño».
Al baile, el torbellino de fuerza y gitanería de Inés Rubio.
Y a las palmas, el ritmo preciso de David de Oruco y Emilio Castañeda.

La unión de estos artistas sobre el escenario, nos regaló momentos mágicos que puso al público en pie en varias ocasiones, incluso al final ,el mismísimo Enrique y la gran bailaora Manuela Carpio se subieron al escenario para hacer un dúo maravilloso. Un grandísimo final para un espectáculo flamenco que vino a recordar aún más si cabe, el fuerte vínculo que tiene Arahal con el flamenco y con la saga de Pastora Pavón, consolidando una vez más al pueblo como uno de los epicentros de la resistencia y conservación del patrimonio cultural andaluz.
Felicidades Enrique , felicidades maestro.
Fco. Auxilia. | Fotografías: Marco (cienxcienflamenco).
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